A de árbol
Desde siempre me gustan los árboles. Enfrente de mi casa hay un ficus monumental, en mi tierra palmeras, en mi pueblo hay tantos y de tantas clases... me gustan los de hoja caduca y perenne, me gusta sentir el trino de los pájaros en sus copas, los nudos y figuras que forman las raíces, observar las diferentes texturas de sus troncos, sentarme cerca, mirar al cielo entre los huecos de sus ramas. Siempre que puedo fotografío árboles.
Cuando pienso en los árboles, además de mis recuerdos atesorados, me acuerdo de los poemas de Antonio Machado, Mario Benedetti y Miguel Hernández. Con el debido respeto y admiración a sus autores voy a compartirlos.

ANTONIO MACHADO
CXV
A UN OLMO SECO
Al olmo viejo, hendido por el rayo.
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo,
algunas hojas verdes le han salido.
¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.
No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.
Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.
Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas de alguna mísera caseta,
antes que te descuaje un torbellino
al borde de un camino;
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.
Soria, 1912
MARIO BENEDETTI
COTIDIANAS (1978-1979
PIEDRITAS EN LA VENTANA
DE ARBOL A ARBOL
Los árboles
¿serán acaso solidarios?
¿digamos el castaño de los campos elíseos
con el quebracho de entre ríos
o los olivos de jaén
con los sauces de tacuarembó?
y el caucho de pará
o el baobab en las márgenes del cuanza
¿provocarán al fin la verde angustia
de aquel ciprés de la mission dolores
que cabeceaba en frisco
california?
¿se sentirá el ombú en su pampa de rocío
casi un hermano de la ceiba antillana?
los de este parque o aquella floresta
¿se dirán copa a copa que el muérdago
otrora tan sagrado entre los galos
ahora es apenas un parásito
con chupadores corticales?
¿sabrán los cedros del líbano
y los caobos de corinto
que sus voraces enemigos
no son la palma de camagüey
ni el eucalipto de tasmania
sino el hacha tenaz del leñador
la sierra de las grandes madereras
o el rayo como látigo en la noche?
MIGUEL HERNÁNDEZ
LA PALMERA LEVANTINA
La palmera levantina,
El magnífico incensario
Al final de una colina,
Bibliografía: ANTONIO MACHADO



Desde siempre me gustan los árboles. Enfrente de mi casa hay un ficus monumental, en mi tierra palmeras, en mi pueblo hay tantos y de tantas clases... me gustan los de hoja caduca y perenne, me gusta sentir el trino de los pájaros en sus copas, los nudos y figuras que forman las raíces, observar las diferentes texturas de sus troncos, sentarme cerca, mirar al cielo entre los huecos de sus ramas. Siempre que puedo fotografío árboles.
Cuando pienso en los árboles, además de mis recuerdos atesorados, me acuerdo de los poemas de Antonio Machado, Mario Benedetti y Miguel Hernández. Con el debido respeto y admiración a sus autores voy a compartirlos.

ANTONIO MACHADO
CXV
A UN OLMO SECO
Al olmo viejo, hendido por el rayo.
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo,
algunas hojas verdes le han salido.
¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.
No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.
Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.
Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas de alguna mísera caseta,
antes que te descuaje un torbellino
al borde de un camino;y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.
Soria, 1912MARIO BENEDETTI
COTIDIANAS (1978-1979
PIEDRITAS EN LA VENTANA
DE ARBOL A ARBOL
Los árboles
¿serán acaso solidarios?
¿digamos el castaño de los campos elíseos
con el quebracho de entre ríos
o los olivos de jaén
con los sauces de tacuarembó?
¿le avisará la encina de westfalia
al flaco alerce del tirol
que administre mejor su trementina?y el caucho de pará
o el baobab en las márgenes del cuanza
¿provocarán al fin la verde angustia
de aquel ciprés de la mission dolores
que cabeceaba en frisco
california?
¿se sentirá el ombú en su pampa de rocío
casi un hermano de la ceiba antillana?
los de este parque o aquella floresta
¿se dirán copa a copa que el muérdago
otrora tan sagrado entre los galos
ahora es apenas un parásito
con chupadores corticales?
¿sabrán los cedros del líbano
y los caobos de corinto
que sus voraces enemigos
no son la palma de camagüey
ni el eucalipto de tasmania
sino el hacha tenaz del leñador
la sierra de las grandes madereras
o el rayo como látigo en la noche?MIGUEL HERNÁNDEZ
LA PALMERA LEVANTINA
La palmera levantina,
la columna que camina.
La palmera... la palmera..La palmera levantina,
la que otea la marina,
la mediterránea era.
la que atrapa la primera
ráfaga de primavera
la primera golondrina.
La que araña los luceros
y se ciñe los encajes
de las nubes a los zancos datileros.
La que brinda sol en grano al verderol.
La que se arroja de bruces contra el Sol.
El magnífico incensario
que se mece solitario.
La palmera... la palmera...
contra azul extraordinario...
¡la palmera levantina!
La palmera lo primero
que vé el ojo marinero
de los mares de Levante.
La palmera la que encuna
al arcángel de la luna,
¡la palmera de Alicante!
Vedla, fina,
palpitar en el confín.
Vedla, presa, en la retina
de Azorín.
Como manos compañeras,
al dejar mis anchos valles
y marchar de una mentira bella en pos, como manos,
desde fondos de horizontes y colinas
me dijeron las palmeras
levantinas,
´´¡adiós!´´
Bibliografía: ANTONIO MACHADO
POESÍAS COMPLETAS
SOLEDADES / GALERÍAS / CAMPOS DE CASTILLA...
Edición Manuel Alvar
COLECCIÓN AUSTRAL
COLECCIÓN AUSTRAL
MARIO BENEDETTI
INVENTARIO
Poesía 1950-1985



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| El algarrobo hasta donde venía mi yayo a andar en el camino que une Benialí y Benissivâ |





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