James entró en el avión, localizó su asiento y guardó su maletín con sumo cuidado. Una chica joven y bonita estaba sentada donde debía sentarse él.
- Disculpe señorita, creo que se ha equivocado de asiento. Yo tengo pasillo y usted debe tener ventanilla.
- Lo sé, pero señor -dijo ella con mirada implorante- cámbieme su asiento por favor, no soportaré estar junto a la ventanilla. Es la primera vez que vuelo y...
Su voz dulce con un toque de desesperación hizo aflorar en él una oleada de simpatía.
- De acuerdo. A mí no me importa, en realidad lo prefiero.
- Muchas gracias. Es usted muy amable, de verdad.
Layla había sido de las primeras en embarcar. ¡Qué pequeño! -pensó una vez dentro-. Era su primer vuelo y estaba bastante nerviosa. Tranquila, respira profundamente y relájate, no vayas hacer un numerito, -se dijo-.
Mientras el avión empezó a moverse, las azafatas gesticulaban el simulacro y Layla empezó a ponerse tan nerviosa que no atinaba a abrocharse el cinturón. Al terminar la demostración la azafata acudió a su asiento y se lo abrochó.
- ¿Cómo ha podido saber que yo no podía...? -se preguntó en voz alta-.
- Discúlpeme, la he llamado yo. -Dijo James- Apretando éste botón ¿ve?.
- Perdone, casi no le oigo, hay mucho ruido, ¿es normal?
- Sí, son las turbinas. -dijo él alzando la voz- Estamos cogiendo velocidad para despegar.
- Layla se cogió fuertemente a los brazos del asiento y cerró los ojos mientras el avión se elevaba. Sintió la mano de su compañero sobre la suya y se aferró a ella entrelazando sus dedos con los de él.
- Estamos volando, ya puede desabrocharse el cinturón.
- Gracias por ofrecerme su mano. Me ha sido de gran ayuda. Por cierto, me llamo
Layla.
- ¡Qué lindo nombre! Yo soy James, encantado. Me ha recordado mi segundo o tercer vuelo. Yo también tenía miedo a volar. Ese día había turbulencias y el avión se movía dando saltos. ¡Menudo lío monté! Era muy joven y se me ocurrió cogerle la mano a la monja que estaba a mi lado. ¿Ha oído hablar de los pellizcos de monja? Pues le aseguro que existen. Yo grité, todo el pasaje me miró y ella siguió rezando el rosario como si nada.
- ¡Jajaja, menudo marrón! Yo he tenido mucha suerte con usted. Gracias también por no preguntar, como todo el mundo, si me llamo así por la canción de Clapton.
- De nada. Hay muchas canciones cuyos títulos tienen nombres de mujeres ¿verdad? Mi mujer se llamaba Melissa y yo le decía «Sweet Melissa» por la canción de Altman Brothers.
- ¿Cómo consiguió perder el miedo a volar? - preguntó la joven. Mi amiga me ha recomendado emborracharme pero no le veo la gracia, la verdad.
- Supongo que volando mucho. Voy a pedir un gin-tonic ¿Me permite invitarla?
- ¡Oh, qué amable! Le voy a aceptar otro para mí, así no estaré tan tensa, aunque le advierto que puedo decir muchas tonterías porque enseguida se me sube a la cabeza.
- Correré el riesgo -dijo él con un guiño-.
James recordó, como en una serie de disparos en ráfaga, cómo llegó con Melissa al aeropuerto, su beso antes de embarcar. Ella no tenía miedo a volar, decía que era mucho más peligroso el automóvil. Cuando le llamaron diciéndole que su avión se había estrellado, no podía creerlo. No se salvó nadie. Por eso ya no tengo miedo a volar -pensaba-. Sin ella a mi lado y todo lo que he visto la vida vida no vale nada. ¡Cuántas muertes inocentes habré visto a través de mi visor!
- ¿Por qué brindamos? -Dijo ella levantando su vaso-.
- ¿Qué le parece por la vida? -Contestó él-.
- Perfecto -Dijo ella pensando- y por el futuro, que no sé qué me deparará. Por intentar cumplir mi sueño. Por el anhelado máster en Milán gracias a la nonna. Y si me sale
- Disculpe señorita, creo que se ha equivocado de asiento. Yo tengo pasillo y usted debe tener ventanilla.
- Lo sé, pero señor -dijo ella con mirada implorante- cámbieme su asiento por favor, no soportaré estar junto a la ventanilla. Es la primera vez que vuelo y...
Su voz dulce con un toque de desesperación hizo aflorar en él una oleada de simpatía.
- De acuerdo. A mí no me importa, en realidad lo prefiero.
- Muchas gracias. Es usted muy amable, de verdad.
Layla había sido de las primeras en embarcar. ¡Qué pequeño! -pensó una vez dentro-. Era su primer vuelo y estaba bastante nerviosa. Tranquila, respira profundamente y relájate, no vayas hacer un numerito, -se dijo-.
Mientras el avión empezó a moverse, las azafatas gesticulaban el simulacro y Layla empezó a ponerse tan nerviosa que no atinaba a abrocharse el cinturón. Al terminar la demostración la azafata acudió a su asiento y se lo abrochó.
- ¿Cómo ha podido saber que yo no podía...? -se preguntó en voz alta-.
- Discúlpeme, la he llamado yo. -Dijo James- Apretando éste botón ¿ve?.
- Perdone, casi no le oigo, hay mucho ruido, ¿es normal?
- Sí, son las turbinas. -dijo él alzando la voz- Estamos cogiendo velocidad para despegar.
- Layla se cogió fuertemente a los brazos del asiento y cerró los ojos mientras el avión se elevaba. Sintió la mano de su compañero sobre la suya y se aferró a ella entrelazando sus dedos con los de él.
- Estamos volando, ya puede desabrocharse el cinturón.
- Gracias por ofrecerme su mano. Me ha sido de gran ayuda. Por cierto, me llamo
Layla.
- ¡Qué lindo nombre! Yo soy James, encantado. Me ha recordado mi segundo o tercer vuelo. Yo también tenía miedo a volar. Ese día había turbulencias y el avión se movía dando saltos. ¡Menudo lío monté! Era muy joven y se me ocurrió cogerle la mano a la monja que estaba a mi lado. ¿Ha oído hablar de los pellizcos de monja? Pues le aseguro que existen. Yo grité, todo el pasaje me miró y ella siguió rezando el rosario como si nada.
- ¡Jajaja, menudo marrón! Yo he tenido mucha suerte con usted. Gracias también por no preguntar, como todo el mundo, si me llamo así por la canción de Clapton.
- De nada. Hay muchas canciones cuyos títulos tienen nombres de mujeres ¿verdad? Mi mujer se llamaba Melissa y yo le decía «Sweet Melissa» por la canción de Altman Brothers.
- ¿Cómo consiguió perder el miedo a volar? - preguntó la joven. Mi amiga me ha recomendado emborracharme pero no le veo la gracia, la verdad.
- Supongo que volando mucho. Voy a pedir un gin-tonic ¿Me permite invitarla?
- ¡Oh, qué amable! Le voy a aceptar otro para mí, así no estaré tan tensa, aunque le advierto que puedo decir muchas tonterías porque enseguida se me sube a la cabeza.
- Correré el riesgo -dijo él con un guiño-.
James recordó, como en una serie de disparos en ráfaga, cómo llegó con Melissa al aeropuerto, su beso antes de embarcar. Ella no tenía miedo a volar, decía que era mucho más peligroso el automóvil. Cuando le llamaron diciéndole que su avión se había estrellado, no podía creerlo. No se salvó nadie. Por eso ya no tengo miedo a volar -pensaba-. Sin ella a mi lado y todo lo que he visto la vida vida no vale nada. ¡Cuántas muertes inocentes habré visto a través de mi visor!
- ¿Por qué brindamos? -Dijo ella levantando su vaso-.
- ¿Qué le parece por la vida? -Contestó él-.
- Perfecto -Dijo ella pensando- y por el futuro, que no sé qué me deparará. Por intentar cumplir mi sueño. Por el anhelado máster en Milán gracias a la nonna. Y si me sale
bien la audición y entro en el coro de la radio de Milán sería ya... -Tranquila Layla,
no compres la vaca antes de vender la leche-
- ¿Puedo preguntarle qué le lleva a Milán? ¿Un Erasmus tal vez?
- No exactamente, soy soprano y voy a hacer una prueba en un coro y un máster en canto operístico. Es casi imposible que lo consiga, así que le dejo desearme suerte, la voy a necesitar. ¿Y usted?, a ver si lo adivino... Tiene aspecto de profesor o mejor... ¡periodista! ¿Voy bien?
- ¡Casi da en el clavo! Soy reportero gráfico de guerra, aunque estoy medio retirado, la edad es un gran handicap en este oficio.
Estuvieron todo el vuelo conversando y riéndose, ella porque no estaba acostumbrada a beber y había cogido esa chispa de desinhibición y él porque le divertía su forma de contar cosas con gracia. Cuando oyeron que iban a aterrizar, Layla no daba crédito; ¡Qué rápido le había pasado el tiempo! Se despidieron con un abrazo.
- Seguiré sus fotografías James. Nunca olvidaré mi primer vuelo. Ha sido un verdadero honor.
- Y yo espero oírla cantar en la ópera y que no cese hasta lograr su sueño, Layla.
- Cruzaré los dedos, dijo ella mientras se alejaba.
no compres la vaca antes de vender la leche-
- ¿Puedo preguntarle qué le lleva a Milán? ¿Un Erasmus tal vez?
- No exactamente, soy soprano y voy a hacer una prueba en un coro y un máster en canto operístico. Es casi imposible que lo consiga, así que le dejo desearme suerte, la voy a necesitar. ¿Y usted?, a ver si lo adivino... Tiene aspecto de profesor o mejor... ¡periodista! ¿Voy bien?
- ¡Casi da en el clavo! Soy reportero gráfico de guerra, aunque estoy medio retirado, la edad es un gran handicap en este oficio.
Estuvieron todo el vuelo conversando y riéndose, ella porque no estaba acostumbrada a beber y había cogido esa chispa de desinhibición y él porque le divertía su forma de contar cosas con gracia. Cuando oyeron que iban a aterrizar, Layla no daba crédito; ¡Qué rápido le había pasado el tiempo! Se despidieron con un abrazo.
- Seguiré sus fotografías James. Nunca olvidaré mi primer vuelo. Ha sido un verdadero honor.
- Y yo espero oírla cantar en la ópera y que no cese hasta lograr su sueño, Layla.
- Cruzaré los dedos, dijo ella mientras se alejaba.
Comentarios
Publicar un comentario
SI COMENTAS, POR FAVOR, LAS CRÍTICAS QUE SEAN CONSTRUCTIVAS.
SE PROHIBEN COMENTARIOS MALICIOSOS QUE CREEN MALESTAR Y LAS DISCUSIONES BIZANTINAS.