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LA ENTREVISTA

LA ENTREVISTA 

Aquella noche Carmen no había pegado ojo pensando en la entrevista de trabajo. Cuando sonó el despertador se metió en la ducha medio dormida. Se despertó bruscamente cuando se acabó el agua caliente. Se puso el albornoz tiritando y de camino a la cocina se asomó a ver si su madre estaba en la cama. Afortunadamente dormía. Un café con leche muy caliente le hizo entrar en calor. Su hija salió de la habitación como una locomotora y entró en la cocina a por el bocadillo.   
-  Me voy volando que tengo un examen a primera hora. 
-  Buenos días ¿no? Y a ver si no estás tanto rato en la ducha, Rosa, que me he quedado sin agua caliente.
-  ¡Mucha mierda, mamá! Dijo ella antes de salir.
«Ni que fuera la Expert», pensó Carmen camino de su habitación. Abrió el armario mirando la ropa sin saber qué ponerse. Quizás por eso le vino a la cabeza el título del libro de cabecera de su amiga Desi, adicta a los libros de autoayuda: «Si no sabes qué ponerte, ponte contenta.» y se imaginó ante el gerente de recursos humanos sin más atuendo que una sonrisa de oreja a oreja. Una vez vestida oyó a sus espaldas:
-  Estás muy guapa. El caso es que tu cara me suena pero no sé de qué. 
-  Pues de que soy Carmen, mamá, tu hija. Dijo dándole un beso. ¿Por qué no te sientas un ratito a ver la tele? Enseguida llegará Néstor y te hará el desayuno.
-  La tele no, que sólo cuentan que nos vamos a morir todos por un virus con con corona. Que digo yo, ¿para qué llevará corona un virus? ¿Tú sabes si tienen rey como nosotros? 
-  Anda mamá, sé buena y deja que acabe de arreglarme. Mira, ya ha llegado Néstor. 
-  ¡Pues dile que se espere, que aún no estoy lista! Que quiero que me vea bien guapa porque seguro que viene a pedir mi mano. Aunque no sé lo que dirá papá porque como es extranjero...
-  Buenos días, doña Carmen. ¿Y su mamá?
-  Está en su cuarto arreglándose, te ha vuelto a confundir con mi padre. Hoy tengo la entrevista de trabajo ¿Te acuerdas? Te he apuntado todo en la libreta.
-  No se preocupe doña Carmen, que yo me ocupo de todo.
Cuando estaba dándose los últimos retoques con el rímel entró su madre y le cogió la mano haciéndole pintarse media cara de negro.
-  ¡Mamá! Mira la que has liado. ¿Pero qué te pasa, si se puede saber?
-  Pasa que tú lo que quieres es quitarme el novio ¡descarada! ¡Y qué manía de llamarme mamá! ¿Cómo voy a ser tu madre si soy soltera? 
-  ¡Eso me faltaba a mí, un novio, con todo lo que llevo encima! Anda, no te preocupes, que no te lo voy a quitar. Cuando vuelva te pondré bien guapa ¿vale? 
Carmen se arregló el maquillaje, se pintó los labios y un poco los dientes sin darse cuenta. 
-  Me voy ya Néstor, cierro con llave.
-  Mucha suerte, doña Carmen.
Cuando salió del patio comenzó a chispear. «No puede ser, si hoy no daban lluvia» Como si hubiera dicho la palabra mágica comenzó a caer un chaparrón. No pasaba ningún taxi libre y se estaba empapando así que decidió ponerse a cubierto bajo la marquesina de la parada del autobús. La lluvia arreciaba y empezó a correr pero a mitad de camino resbaló cayendo de rodillas.
-  ¡Mierda, parece que me haya levantado con el pie izquierdo! Pensó mientras se levantaba.
Y justamente eso la hizo resbalar junto al agua que cubría la acera. El olfato se lo advirtió y la vista se lo confirmó sin necesidad de levantar las suelas. Se metió en el charco más grande que vio para limpiarse, total los zapatos ya hacían aguas y se miró las rodillas que le escocían y le sangraban un poco. Tenía varias carreras en las medias, pero a esas alturas ya no le importaba. 
Al llegar al recinto se acercó al mostrador pero nada más abrir la boca para preguntar, la recepcionista le miró de arriba a abajo y le indicó con la mano la sala del fondo volviendo la vista al ordenador. Carmen cerró la boca y se dirigió a la sala.
Cuatro personas más permanecían sentadas en silencio. Un muchacho joven de aspecto agradable fue el único en entablar una conversación. 
-  Hola, soy Pablo. Parece que ha conseguido salir viva del campo de batalla. 
A Carmen le hizo gracia la ocurrencia del joven y no pudo evitar reírse.
-  He conseguido salir con vida pero no ilesa, como puedes ver. Encantada Pablo, yo soy Carmen.
-  No se lo tome a mal, pero tiene carmín en los dientes. 
-  Gracias. Debe de ser lo único que no me ha estropeado hoy la lluvia. Sacó un espejito y un pañuelo del bolso y se los limpió. 
Al momento oyó su nombre y se levantó tendiéndole la mano como despedida. Pablo le dio  la suya.
-  Suerte, Carmen.
-  Mejor no me la desees, por hoy ya he tenido bastante.

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