LA NOTICIA
La noticia corrió como la pólvora. Los más madrugadores y los conductores la escucharon por la radio. Los funcionarios, oficinistas, jubilados y parados la leyeron en los periódicos junto al almuerzo, el café, la cerveza o el vino . Las amas de casa encendieron la televisión de buena mañana y sólo se levantaron del sofá para prepararse café o ir al baño. Los niños desayunaron papas, chocolate, Coca Cola y helado y se vistieron con la ropa que mas les gustaba aunque no abrigara ni pegaran los colores. Los profesores no les preguntaron por los deberes y les tuvieron casi todo el tiempo en el recreo. En las residencias, los ancianos se negaron rotundamente a que les sacaran al sol, querían ver la tele. Las calles estaban prácticamente vacías como si el país jugara la final de la Champions League. Los programas matinales subieron las audiencias como la espuma conectando con sus corresponsales y con las redacciones de los informativos para preguntar por las noticias de última hora. Los repartidores de pizzas y comidas preparadas no daban abasto porque casi nadie cocinó ese día. Los que tenían que comer fuera de casa escogieron los bares o restaurantes que tenían televisores haciendo largas colas hasta agotar todos los platos del menú. Los párrocos daban gracias a Dios porque los católicos y hasta algún agnóstico acudían en masa a la iglesia para rezar y con tanta misa se acabaron las hostias consagradas. Las asociaciones ecologistas acusaron al gobierno de no actuar ante el cambio climático. La OMS, la ONU y la OTAN emitieron duros comunicados. La OTAN se retractó más tarde. El tráfico aéreo se interrumpió dejando un caos de pasajeros en los aeropuertos. Tan solo volaban los aviones de reconocimiento. Los satélites que habían mandado la información de madrugada fueron desconectados. El país era un caos.
El responsable de la Jefatura Superior de policía estaba de un humor de perros. No paraba de recibir broncas desde todas las esferas del poder. El presidente del gobierno se quejaba de tener que atender a los mandatarios de todos los países y exigió junto al Parlamento la inmediata solución del problema. El ejército, tras poner en alerta todos sus dispositivos, amenazaba con sacar los tanques a la calle y así, aprovechando la ocasión, darles una vuelta porque se estaban oxidando a fuerza de no usarse. La Conferencia Episcopal le trasladó su malestar al no haber recibido información fehaciente por parte del gobierno, recordándole que el Santo Padre, como representante de Dios en la tierra, demandaba una explicación. La prensa, del color político que fuera, coincidió en sus titulares y las primeras ediciones se agotaron gracias al filón de la noticia. Por primera vez en años estaban superado con creces a las redes sociales porque la gente prefería los datos a las opiniones. Cuando por fin se publicó la imagen que captó el satélite desde el aire, todo el mundo se quedó estupefacto: La Antártida había desaparecido del planeta.
Fanny Romero Lucas
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