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URGENCIAS

URGENCIAS

Urgencias era un hormiguero a pleno rendimiento aparentemente caótico pero bien organizado y eficaz. En la sala de espera un variopinto gallinero formaba tal algarabía que el guardia de seguridad tuvo que alzar la voz demandando silencio hasta que el vociferante cacareo cesó como la cafetera que frena su borboteo tras salir el café. 
El reloj marcaba las ocho y cuarto. Hacía rato que había oscurecido y la humedad pintaba el cielo de rosa impregnando el suelo y calando los huesos. Una pareja de edad madura entró en urgencias. Eran dos ánimas en pena mirando sin ver y pálidos como muertos. La mujer tenía los ojos hinchados y enrojecidos, el hombre a duras penas mantenía erguido su gran corpachón. Una cola de personas esperaban su turno ante el mostrador. Ellos la siguieron  buscando de alguien de blanco a quien acudir. Un hombre robusto apareció en la sala con la palabra «celador» estampada en su chaquetilla y ambos corrieron hacia él con miradas suplicantes. 
-  Señor, por favor, mi hijo, ayúdenos, no sabemos, necesitamos.
Los dos hablaban atropelladamente a la vez. El sanitario puso las manos en los hombros del hombre y mirándole a los ojos le dijo:
-  Por favor señores, así no puedo entender nada. Comprendo su nerviosismo pero les pido por favor que hablen de uno en uno.
-  Nos ha telefoneado la policía. Dijo el hombre. Nos han dicho que nuestro hijo ha sufrido un grave accidente. 
-  Y que viniéramos a este hospital lo más pronto posible. Dijo la mujer sin poder contener el río que manaba de sus ojos. 
-  Comprendo. Por favor quédense aquí mientras voy a averiguar lo ocurrido. ¿Cómo se llama su hijo?
-  Andrés Campos Hernández. Dijo el hombre con voz temblorosa.
Al poco rato el sanitario salió y les dijo que que su hijo estaba en quirófano y que le siguieran hasta la sala de espera donde el médico saldría a informarles en cuanto pudiera. Les deseó suerte y ellos balbucearon un inaudible gracias.
Ocuparon dos asientos desde donde se veían las dos puertas oscilantes forradas de acero con  ojos de buey. Las pocas personas que esperaban como ellos susurraban inteligibles letanías interrumpidas por algún suspiro.
Los minutos pendían de los rítmicos movimientos de las manecillas del reloj de pared que rompía el silencio con su lento tictac. De vez en cuando el hombre se levantaba y arrastraba los pies cabizbajo, pasillo arriba, pasillo abajo. La mujer permanecía sentada alisándose el pliegue de la falsa una y otra vez mientras se mordía el labio inferior. El cirujano salió por las puertas que quedaron en movimiento rompiendo el silencio reinante. 
-  ¿Familiares de Andrés Campos? La mujer saltó de su asiento como impulsada por un resorte y el esposo recorrió el pasillo a grandes zancadas.
-  Acompáñenme al despacho para hablar en privado. Tomen asiento, por favor. Su hijo
    ha tenido un gravísimo accidente de circulación. Su estado, no les voy a engañar, es muy grave. Hemos tenido que operarle para parar una gran hemorragia porque el impacto le ha roto el bazo. De momento esto es lo que mas nos preocupa. También tiene dos costillas fracturadas pero ya intervendremos cuando se estabilice. Ahora hay que esperar a que supere las próximas horas. Es muy joven, así que vamos a confiar en que responda bien. Si tenemos alguna otra noticia les mantendremos informados.
-  ¿Podemos verlo? Preguntó la mujer con un hilo de voz.
-  Ahora le mantenemos sedado y no puede ser. Siento no poder darles mejores noticias pero vamos a mantener la esperanza.
    El doctor se levantó y educadamente les abrió la puerta. Ellos se levantaron con una losa sobre sus cabezas. El doctor les tendió la mano mientras salían deseándoles ánimo. La mujer se aferró a su mano y acercándosela al pecho le imploró:
-  ¡Salve a nuestro hijo, doctor, se lo suplico!
-  Le aseguro que haremos todo lo que esté en nuestras manos. Contestó el doctor. 
-  Vamos, vamos mujer. Suéltale ya, que tendrá mucho que hacer.
    No había pasado ni una hora cuando salió una enfermera y les llamó aparte. Les hizo tomar asiento y les preguntó: 
-  ¿Ustedes se han planteado alguna vez la donación de órganos?

Fanny Romero Lucas

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